Desde la antigüedad, las leyendas del Monte Ararat han ejercido una influencia misteriosa en los armenios.
Durante mucho tiempo, la montaña ha sido honrada y adorada y se cree
que alberga las almas de aquellos valientes individuos que la protegieron de
invasiones enemigos. Debido a la significancia religiosa del Monte Ararat,durante siglos, los armenios estaban convencidos de que era sagrada y los simples
mortales no podían escalar su cima.
De acuerdo con una leyenda local, San Jacobo intentó tres veces
ascender a la cima de la montaña, para adorar el Arca de Noé, la cual, según
los teólogos, ancló en la cima del Monte Ararat tras la inundación. Sin
embargo, cada vez que lo intentaba se quedaba dormido en el camino y al
despertase, se encontraba nuevamente en la base del volcán. Tras el tercer
intento, un ángel apareció y le dijo que estaba estrictamente prohibido para
los mortales subir al Monte Ararat. Por este motivo, no es de sorprender que
cuando el explorador inglés James Bryce dijo que había conquistado su cima en
1876, muchos armenios no le creyeron.
El arca es un tema común de la iconografía judía y ortodoxa, y
dónde se encuentra ha capturado el interés de los cristianos en todo el mundo.
En 1916, un oficial ruso llamado Roskovitsky, supuestamente descubrió el Arca
de Noé congelada en los glaciares, en la cima de la montaña, pero desafortunadamente,
no hay evidencia que verifique esto. En los años 1970, un grupo de americanos
tomó fotografías detalladas del volcán. Tras agrandar las fotos, en una de las
gargantas, puede verse un objeto parecido al Arca de Noé; no obstante, en un
seguimiento de las expediciones, el objeto en sí nunca fue descubierto.
De acuerdo con una de las leyendas folclóricas armenias del
Monte Ararat, un héroe local llamado Artavazd todavía se encuentra encadenado
al monte por espíritus malignos. Algunos armenios creen que un día escapará de
su prisión y conquistará el mundo, momento en el cuál, también regresará el
adorado Monte Ararat a Armenia y su gente.
Según reza en la Biblia, Noé, ante la amenaza del Diluvio Universal, fue encargado por Dios para ser el que construyera un gran barco donde haría entrar a un macho y una hembra de cada especie animal que poblaba la Tierra con el fin de salvarlos. Según el libro del Génesis, después de que pasara la gran catástrofe, el Arca acabaría asentándose en las montañas de Ararat, aunque el lugar no se precisa con mayor exactitud.
Durante décadas, se han ido sucediendo en los periódicos noticias sobre descubrimientos por parte de investigadores, buscatesoros y estudiosos de partes de la mítica nave – como maderas de gran antigüedad – o imágenes aéreas de lo que podrían ser trozos de barco. Aun así, no se ha podido demostrar su veracidad y el misterio sigue vivo.
La historia de Noé y su arca, recogida no sólo en la Biblia, sino también en la Torá y en el Corán, atrae a los turistas, que ven en el lugar un punto de fuerte sacralidad. Sin embargo, cualquiera que quiera ascender por la montaña podrá observar la legendaria arca en perfecto estado, como si el Diluvio Universal estuviera a punto de suceder. No es una ilusión, existe, aunque en realidad se trata de una réplica instalada en 2007 por miembros de Greenpeace como símbolo de esperanza contra el cambio climático.

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